Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

lunes, 10 de abril de 2017

Los uniformes de la intolerancia



Convocar a la gente, presionarlos para que se pongan los uniformes de la intolerancia, alentar el despedazamiento de Esteban, solo consolida lo inhumano.

Por Jorge L Legrá.


Las pedradas sobre el cuerpo de Esteban duelen como si el apedreado fuera yo. Lo veo levantarse del suelo y caer otra vez tumbado por el próximo impacto. Cierro la Biblia con rabia, casi escapando de su lectura, siento tan actual esa expresión de la subjetividad fanática, que lapida sin piedad a quién defiende un juicio diferente o disentidor.

Las ideas de Esteban, el evangelista bíblico, resultaban peligrosas por no ser coherentes con las doctrinas del Concílio de Jerusalén. Los ministros fueron a la pugna contra él, pero el camino de los argumentos quizás se les antojó demasiado arriesgado,  y escogieron el más rápido y bochornoso: alborotar al pueblo y lincharlo. (Libro de Hechos capitulo 9)
Sentado en el Café, le cuento a mi amigo Jaime estas meditaciones: “ayudan a entender al hombre político”, le digo. Él prefiere no opinar, “un tema demasiado peligroso, te lo aseguro”, concluye.

Ya había Pedido otro café cuando Jaime me dejó solo en la mesa. Mientras esperaba continué pensando en el acontecer actual, vergonzoso cuando reproduce el estilo de la sociedad judía de inicios de nuestra era, la actitud que defiende supuestos principios y se deshumaniza en un acto brutal contra el otro. Lamentablemente la historia no logra borrar los fundamentalismos, siempre aparecen actualizados en las nuevas ideologías (nuevas religiones). 

Engels, en una carta a Mehning, define la ideología como “Falsa conciencia” o “Visión parcial del mundo”. ¿No es absurdo, entonces, negar al otro la posibilidad de expresarse? ¿No lleva nuestra opinión también la tara de la parcialidad? En el ámbito de las ideologías el argumento sigue siendo el gesto más humano y honorable para la lucha, lo contrario es alentar el uso del garrote contra las ideas y presentarlo como un monumento histórico.

Privilegiar puntos de vistas, perspectivas y conceptos como razón infalible es típico de una peligrosa inmadures, un retrazo en la idea, un fundamentalismo. Pero lo verdaderamente homicida es lo que se llega a oficializar, y a adquirir carácter legal, a partir de esta aberración del intelecto convertida en norma de opinión. 

La intención declarada de bregar a cualquier costo hacia la construcción de la utopía, puede inaugurar (¿la ha inaugurado?) otra inquisición a lo medieval. “Con tal de hacer esa tortilla no puede haber, seguro, ningún límite en el número de huevos a romper”, diría el irónico escritor Isaih Berlin, en “El Fuste Torcido de la Humanidad”. Allí desnuda la postura performática del fundamentalista:

“Puesto que yo conozco el único camino verdadero para solucionar definitivamente los problemas de la sociedad, sé en qué dirección debo guiar la caravana humana, y puesto que usted ignora lo que yo sé, no se le puede permitir que tenga elección, ni aún de un ámbito mínimo, si es que se quiere lograr el objetivo”

Convocar a la gente, presionarlos para que se pongan los uniformes de la intolerancia, alentar el despedazamiento de Esteban, solo consolida lo inhumano. La utopía no tiene que deshumanizarnos, si lo hiciera, entonces ha fallado en su finalidad.


(tomado del blog El Fuste e Cuba)

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