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| Convocar a la gente, presionarlos para que se pongan los uniformes de la intolerancia, alentar el despedazamiento de Esteban, solo consolida lo inhumano. |
Por Jorge L Legrá.
Las pedradas sobre el cuerpo
de Esteban duelen como si el apedreado fuera yo. Lo veo levantarse del suelo y
caer otra vez tumbado por el próximo impacto. Cierro la Biblia con rabia, casi
escapando de su lectura, siento tan actual esa expresión de la subjetividad
fanática, que lapida sin piedad a quién defiende un juicio diferente o
disentidor.
Las ideas de Esteban, el
evangelista bíblico, resultaban peligrosas por no ser coherentes con las
doctrinas del Concílio de Jerusalén. Los ministros fueron a la
pugna contra él, pero el camino de los argumentos quizás se les antojó
demasiado arriesgado, y escogieron el
más rápido y bochornoso: alborotar al pueblo y lincharlo. (Libro de Hechos capitulo
9)
Sentado en el Café, le
cuento a mi amigo Jaime estas meditaciones: “ayudan a entender al hombre
político”, le digo. Él prefiere no opinar, “un tema demasiado peligroso, te lo
aseguro”, concluye.
Ya había Pedido otro café
cuando Jaime me dejó solo en la mesa. Mientras esperaba continué pensando en el
acontecer actual, vergonzoso cuando reproduce el estilo de la sociedad judía de
inicios de nuestra era, la actitud que defiende supuestos principios y se
deshumaniza en un acto brutal contra el otro. Lamentablemente la historia no
logra borrar los fundamentalismos, siempre aparecen actualizados en las nuevas
ideologías (nuevas religiones).
Engels, en una carta a
Mehning, define la ideología como “Falsa conciencia” o “Visión parcial del
mundo”. ¿No es absurdo, entonces, negar al otro la posibilidad de expresarse?
¿No lleva nuestra opinión también la tara de la parcialidad? En el ámbito de
las ideologías el argumento sigue siendo el gesto más humano y honorable para
la lucha, lo contrario es alentar el uso del garrote contra las ideas y
presentarlo como un monumento histórico.
Privilegiar puntos de
vistas, perspectivas y conceptos como razón infalible es típico de una
peligrosa inmadures, un retrazo en la idea, un fundamentalismo. Pero lo
verdaderamente homicida es lo que se llega a oficializar, y a adquirir carácter
legal, a partir de esta aberración del intelecto convertida en norma de
opinión.
La intención declarada de
bregar a cualquier costo hacia la construcción de la utopía, puede inaugurar
(¿la ha inaugurado?) otra inquisición a lo medieval. “Con tal de hacer esa
tortilla no puede haber, seguro, ningún límite en el número de huevos a romper”,
diría el irónico escritor Isaih Berlin, en “El Fuste Torcido de la
Humanidad”. Allí desnuda la postura performática del fundamentalista:
“Puesto que yo conozco el
único camino verdadero para solucionar definitivamente los problemas de la
sociedad, sé en qué dirección debo guiar la caravana humana, y puesto que usted
ignora lo que yo sé, no se le puede permitir que tenga elección, ni aún de un
ámbito mínimo, si es que se quiere lograr el objetivo”
Convocar a la gente,
presionarlos para que se pongan los uniformes de la intolerancia, alentar el
despedazamiento de Esteban, solo consolida lo inhumano. La utopía no tiene que
deshumanizarnos, si lo hiciera, entonces ha fallado en su finalidad.
(tomado del blog El Fuste e Cuba)
(tomado del blog El Fuste e Cuba)

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