Parece increíble la noticia: “Fidel ha
muerto”, justo cuando la Serie
necesita relevistas como él. A stadium lleno, con gradas unánimes, divididas o
en contra, el pitcher sereno, observa los corredores, toma bien las señas, y
decide el lanzamiento que lo llevará a la victoria.
Ante cualquier adversidad una solución.
Velocidad en la bola, dominio de la llamada zona de duda, conocimiento del
bateador y una calma perturbadora para
sacarlo de concentración. Pocos han sido los políticos que a satadium lleno,
dejan al adversario con el bate al hombro, porque no vio pasar la bola y queda
sin más alternativa que emprenderla con el árbitro, ante la impresionante
algarabía en los graderíos.
Muchos especularon sobre qué sucedería
cuando llegara este momento; y ya ven, sucedió. Fidel Castro, nuestro mejor
relevista, ganó su último juego. Todos corren a conservar las fotos, a sacar
sus estadísticas y ya no tendrán dudas, los equipos derrotados recordarán con
rabia y admiración aquel último lanzamiento, los fans se pondrán su camiseta y
muchos años después volverán al stadium con sus nietos, y comenzará la
discusión de siempre ¿Quién fue mejor: el héroe de ayer o el héroe del
presente? No eran los mismos tiempos, dirán otros, lo más importante es que ya
nadie lo podrá olvidar.
A estas alturas de la Serie, hay que continuar. No
queda más remedio que exaltarlo al Hall de la fama, para que siempre se recuerde
a aquel lanzador que nunca dio el juego por perdido, y había que esperar por
él, para que su brazo decidiera siempre, con el último lanzamiento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.