Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

sábado, 2 de junio de 2018

Los cafés de Medellín*


 
"Visité varios cafés de la ciudad y enfrenté sin mucho éxito la taza imbatible que sirven los colombianos, pues tomarse un tintico, es plantarse frente un tazón exagerado que los paisas degustan con normalidad hasta el mismísimo fondo"


Por Eduard Encina (Editor)                                            Su último texto escrito para Internet

Cada domingo mi casa es un Café¹.  Allí se dan cita los amigos escritores para dialogar sobre el cielo y el infierno. Enseguida Mailer, mi esposa, nos trae la tacita rebosante del aromático cerezo mientras el diálogo comienza. Medellín es una ciudad donde me sentí como en Baire. Cada café degustado me aproximó a mi pueblo inevitablemente

Durante los días del Festival de Poesía, cada mañana ansiaba un tintico colombiano. Gracias a Dama, una paisa enamorada de sus tradiciones y que se presentó  como amiga de los poetas Oscar Cruz y Rito Ramón Aroche, pude conocer los más disímiles sitios para beberme todos los tintos que pude. 

Junto a ella supe que a solo unas cuadras, cerca del parque Bolívar, se encontraba  La Polonesa, un café concurrido y heterogéneo, que bien temprano se animaba con dos muchachos, quienes a flauta y guitarra, nos regalaban entre otros temas “La molienda”. Era un sitio espacioso, con un TV transmitiendo futbol y un constante entra y sale de público que bebe su tintico y se incorpora a las actividades del día.

Visité varios cafés de la ciudad y enfrenté sin mucho éxito la TAZA IMBATIBLE que sirven los colombianos, pues tomarse un tintico, es plantarse frente un tazón exagerado que los paisas degustan con normalidad hasta el mismísimo fondo. Eso echa abajo los prejuicios  que se han formado en torno de que el oscuro líquido es dañino, pues sin dudas hace tiempo no quedara uno solo de estos alegres antioqueños en pie.

Pero fue a una cuadra del parque de San Ignacio, en las Torres de Bomboná donde encontré en sitio anhelado. Raza_ Café, más pequeño que La Polonesa, con ambiente acogedor e íntimo; decorado con sobriedad, en un extremo un lienzo con la figura de Chaplin, del otro la imagen de Cantinflas, y de fondo un viaje musical desde Compay Segundo a Fito Páez, de Louis Armstrong a Julieta Venegas. El dueño, es un conocedor de la cultura latinoamericana, se declaró admirador de Pablo Milanés, Celia Cruz y José Martí.  Al servirnos  café, el mío lo trajo en una tacita y un poco más concentrado “a lo cubano”, me dijo. 

Desde entonces, por el día íbamos a La Polonesa, disfrutábamos su diversidad y la hermosa vista de la Estatua ecuestre del Libertador. Por las tardecitas, nos esperaba el Raza_ Café y las conversaciones sobre la cultura de los colombianos y los sueños con que se despiertan cada día.


*El texto anterior fue escrito por su autor al regreso de Medellín, Colombia (Julio de 2017). La publicación no fue posible por el deterioro de su salud que culminó con el fallecimiento el 8 de septiembre del año citado. Estando en el Hospital Orlando Pantoja de Contramaestre, laptó sobre la cama, transcribió notas de la agenda que lo acompañó en su reciente viaje. Lo debatimos juntos, le di mis criterios al respecto, valoro algunos, defendió otros. Me dijo que lo trabajaríamos un “después” que no fue posible, al menos en la vida terrenal. El que fuera su último texto escrito para Internet quedó atrapado en mi máquina y así lo comparto hoy luego de revisarlo una y otra vez. Eduard me dejó su última entrevista para la radio y también las últimas líneas para su blog. 

El poeta decidió, por voluntad propia que el Cimarronzuelo Oriental siguiera navegando y me otorgó esa responsabilidad, así como el acceso a su cuenta de facebook. Estos sitios ya no ilustrarán el andar diario del autor, pero si reflejarán la obra del mismo y nosotros, sus amigos seguiremos empujando al Cimarronzuelo… desde la profundidad de la isla.

El poeta profetizó en el primer verso de su libro “Lupus” al plantear “Dicen que el enfermo soy yo”, también en la canción “La Higuera” que interpreta el trovador Rafael Moreno nos dejó claro que “Un hombre no es un hombre, es un destino”.
                                                                                Alfredo Ballesteros (Blog Caminante Cubano)

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