Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

viernes, 28 de julio de 2017

¿Casas cárceles en Cuba?



El mal gusto en algunos barrios  agreden la vista del paseante. 

Por Eduard Encina

Camino mi país y siento claustrofobia. A un lado y al otro todo se repite: las mismas ropas, peinados, gestos y lo que es peor, a veces, las  mismas casas. Lo repetitivo nos agrede. Ahora la modalidad es enrejarlo todo, hasta las palabras.

El viejo oficio de la herrería vuelve a nuestra arquitectura con urgentes deseos de borrarla. No se incorpora como elemento decorativo en verjas o guardavecinos, ni para rematar los límites de cercas, esquivando la pesadez de los muros de concreto, sino creando la sensación de que vivimos en una casa cárcel.

Algunos creen que la gente enreja sus hogares por temor a la creciente inseguridad, “los ladrones están dando la hora”, otros dicen que es para aumentar el precio de las casas, “media Cuba se está vendiendo y todo el mundo quiere viajar”. Un antropólogo me dijo el otro día que un poetín como yo, no podía percibir que estaba ante una expresión de poder económico: “quién pone rejas, tiene dinero”.


Han vuelto horrorosos algunos edificios de la calle Trocha en Santiago


Poner rejas a diestra y siniestra. Es sintomático “la maldita circunstancia de las rejas por todas partes”. El patrimonio se destruye y a nadie le interesa, los barrios se vuelven grandes masas de hierro que limitan poco a poco cualquier posibilidad de diálogo entre los que están dentro y los que están fuera. Auto encerrarse es también una lectura del individuo que pierde la fe en la circunstancia colectiva.

Camino mi país y siento claustrofobia. Abro una puerta y aparece una reja.


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