Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

martes, 4 de febrero de 2014

Jornada literaria “Los últimos serán los primeros”: la magia creadora & tendencia del entra y saca .

Por Rafael J. Rodríguez.

Reencontrar un amigo es como rescatar un pedazo del alma. Vamos dejándola por trozos, entre los avatares de la vida difícil…  Pero si lo vemos de pronto, o vamos a su encuentro desde una gran distancia, que no tiene que ser literalmente física, el exacto jirón que le pertenecía, colmado de emoción, vuelve al ánima, encuentra su lugar, y hace una fiesta.
Regresé del evento literario “Los últimos serán los primeros”, celebrado en Bayamo finalizando diciembre, con el  alma dichosa y rediviva.  Allí, después de varios años de alejamiento y de silencio, me vi de nuevo entre amigos. Convocados por el amor a la literatura y bajo el signo de una cita evangélica que sabe hacerse ley, encontré una selección de escritores cubanos de todo el oriente del país.
Dos días bastaron para corroborar algo que repito donde quiera que voy: Cuba es un país de gente talentosa, diversa y especial,  y estamos obligados a defender esta verdad con el mismo coraje con que algunos defienden resbalosas doctrinas, siempre tendentes hacia lo colectivo, mediocre y similar.
Pulsar por donde va la narrativa y la poesía de esta región de la Isla es un regalo, matizado además por las polémicas, conversaciones y conclusiones que se producen entre creadores de inteligencia despierta.
Se habló de Salvador Redonet Cook y su obra meritoria,  velada bajo una niebla de silencio; siempre a la espera de un merecido despertar. Se debatió además sobre la ola creciente de antologías que ven la luz en nuestras editoriales, intentando penetrar en sus causas; asimismo fueron presentados los libros de cuento Las caravanas, Cambios de posición y Dos sillas y un cadáver, de Eduard Encina, Rainier Martínez y Yordanis Domínguez, en ese orden.
Como es ya clásico, la trova engalanó el encuentro.
Algo noté, no obstante, en esta especie de concierto creador. Funcionó como nota chocante, cuerda sin brillo que solo se animan a pulsar aquellos que se sueñan trepados sobre un absurdo pedestal. A Dios gracias fueron minoría. Avanzaban con un paso cansino, mirada suficiente y  envueltos en un género de indiferencia cósmica que salpicó todo cuanto estuvo a su alcance. “Es la pose”, dijeron bajito los amigos, mirándolos con conmiseración.
Y esta peste, perdón, esta pose, que podía quizá justificarse con una obra y un discurso de valor, mostró su hociquillo en una confusa retahíla, y en las páginas, al estilo de una viciosa maldición, corrió semen y sangre al por mayor.
Es la tendencia del entra y saca sin control, sin erotismo, sin belleza, y por supuesto sin literatura, que se suma sin tapujos a ese grosero perfil contemporáneo que todo lo macula, donde los cantantes cantan sin voz, las mujeres son gatas en celo y los hombres maquinarias de sexo. Literatura y música de consolador, que no de arte; y la afirmación de que supuestamente existe un público ávido de semejante “artesanía”, solo demuestra el hecho de que asistimos a una triste masacre, y que es hora de reforzar las barricadas.
Murallas altas, inmensas como el Concierto de Pablo Milanés, maravillas del azar concurrente que nos premió en Bayamo, cerrando con un broche sin par un evento que nos reunió otra vez, y quizá para siempre, en el misterio de la magia creadora.

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