Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

jueves, 30 de enero de 2014

En Cuba no deben reproducirse los martianos de oído

 
Héroe, Apóstol y Maestro, sembrado en una retórica acomodaticia y dañina que enseña un Martí hierático en el yeso, como una nube en las gloriosas páginas de la Historia Nacional.
Por Eduard Encina

En el minuto malo converso con Martí. A  él le cuento la angustia del día a día y con él hallo  alivio. Pocas lecturas he encontrado con la fuerza y pasión de sus Diarios, o con la irreverencia iluminada de los Cuadernos de Apuntes. Martí es el diálogo permanente que necesitamos los cubanos.

Sin embargo, en ocasiones escucho a jóvenes reaccionar ante la sola mención de su nombre “ya vienes con la muela”, dicen predispuestos por la fría construcción que se ha hecho del Héroe, Apóstol y Maestro, sembrado en una retórica acomodaticia y dañina que enseña un Martí hierático en el yeso, como una nube en las gloriosas páginas de la Historia Nacional.

A todos los invito a leerlo, pongo en duda rápidamente al héroe cómodo y muestro al hombre telúrico, ante la burocracia que lo distorsiona, asomo al guerrero, ahora que la patria requiere más actos que palabras. Soy lo que pudiera decirse “un agitador martiano”, esa frase me la regaló Joel James en una de las pocas conversaciones que tuvimos sobre el tema y quise comentarle la impresión que me había causado su libro “José Martí en su dimensión única”.

Lo cierto es que no tardan en saltar aquellos que escuchan mis clases en la Universidad, y acercan la lupa atemorizados cuando intento mostrarles a los alumnos el ejercicio de pensar, inquietarlos en el pupitre y despojarlos de la mansedumbre y la abulia. Recuerdo que al solicitar mi ingreso a la Sociedad Cultural José Martí, agazapadamente alguien se opuso porque yo “jugaba en los dos bandos”, era demasiado “contradictorio”. Luego de frustrado su intento por mayoría le hice llegar esta nota:

“Que dónde estoy? En la revolución; con la revolución. Pero no para perderla, ayudándola a ir por malos caminos! Sino para poner en ella, con mi leal entender, los elementos quienes, aunque no sean reconocidos al principio por la gente de poca vista o mala voluntad, serán los que en las batallas de la guerra, y en los días difíciles y trascendentales de la paz, han de salvarla”.

La reacción no se hizo esperar, y me envió la respuesta, donde además de mentir negando su participación sibilina en los hechos, me corregía la pésima ortografía y la mala utilización de los signos de puntuación. Ni siquiera había reconocido el estilo inconfundible del Apóstol. Ese día confirmé que también habíamos construido “martianos de oído”.

Desde Baire estas ideas regresan y toman nuevos contenidos, no sé si es el “mambisado” en que vivimos isla adentro, la cercanía de Dos Ríos o la esperanza de ese mito de los pobladores de Remanganagua, que en los momentos difíciles afincan el oído en la tierra para escuchar los latidos del corazón de Martí. Hoy, 28 de enero, lo entiendo mejor.

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