Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

viernes, 10 de enero de 2014

Cuba está cambiando en la cola del Yogurt


Por Eduard Encina

“Todo cambiará”, dijo la vieja Gloria con tono áspero en la cola del yogurt esta mañana, cuando dos jóvenes desenfadados comentaban la incertidumbre y nublazón que tenían ante el nuevo año. 

Acababan de graduarse en la Universidad pero no tendrían trabajo, uno iría tirando de “machacante” en el camión de un amigo, el otro ni se imaginaba, pero algo tenía que inventar para “luchar” el money.

Seguían alargándose la cola y los temas de conversación. Detrás de mí una muchacha de Gauguin, de esas que abundan bien entrada la isla, aseguraba que sería su año de suerte, tenía los papeles listos para irse de misión al África porque a ella nadie iba a meterla en un Consultorio Médico los mejores años de su vida. Una de sus interlocutoras se lo advertía ¿Y a quién vas a dejarle a tu abuela?. Después que estuviera allá, con dinero todo tendría solución.

La cosa está cambiando, comentó Elizardo, dicen que vino Contreras, el Médico, Isacc Delgado, Melesio Capote, le dieron el carro a Carcacés, el Premio Nacional a Padura, Los Aldeanos fueron a Miami y no se quedaron, estaremos en la Serie del Caribe, lo de la Libreta de abastecimiento era mentira, a ese ritmo en cualquier momento ponen un concierto de Pedro Luis Ferrer en televisión, como que mi Cuba es cubana ciento.

El dependiente se limitaba a escuchar y disfrutaba cada conversación hasta que alguien echó andar las palabras equivocadas “Espero que este año mejore el pan, no traigan más arroz contaminado, ni azúcar chapapoteada que da asco,”.

- Ya empezaron a hablar mierda, dijo el dependiente.

Pero las conversaciones con un simple giro cambian de color, la vieja Gloria estaba segura, las cosas mejorarían, se lo decía su experiencia “Yo lo he vivido todo, mijos, aseguró a los muchachos, y mírenme aquí, en la misma cola que ustedes”. Ellos sonrieron, esta vez no encontraron agresividad en sus palabras, más bien sintieron como si los aconsejara una madre; por un instante emergió un brillo en sus ojos, pero enseguida desapareció.

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