Para el cine cubano el año no ha podido terminar mejor, cerca de una decena de películas han sido nominadas o premiadas en diferentes festivales del mundo. En mi opinión, sentía que nuestro cine más reciente estaba un poco saturado, sobre todo del chistecito donde lo viejo no cede ante la impronta de lo nuevo, o en el intento de plantear problemas actuales relacionados con la emigración, la homosexualidad, la asfixie económica y espiritual, donde choteo casi siempre se vuelve panfleto, chapucería epidérmica. Sin embargo, una vez más quedó demostrada la calidad y eficacia del filme CONDUCTA, que ha conmovido la opinión pública en casi todos los festivales en que participa, anunciándose como una película más que entretenida, necesaria para estos días en que se perfilan cambios en la sociedad cubana.
Dirigida por Ernesto Daranas, y con soberbias actuaciones de sus protagonistas Alina Rodríguez (la maestra Carmela) y el niño Armando Valdés (Chala), enfoca de manera honesta una arista compleja de la familia y su relación con el contexto social. Más allá se plantean alternativas del comportamiento cuando lo instituido impone modos de actuación que no se ajustan a las formas de sobrevivencia ciudadana.
La cuestión es de fondo ¿Cómo se encauza la realidad desde el sistema institucional? ¿Cómo es en la práctica cotidiana? ¿Qué es un Maestro? ¿Quién es el centro del proceso de enseñanza? ¿El ser humano? ¿El sistema de valores? ¿Antivalores? ¿Sobredosis ideológicas que mantienen un rostro, y no una esencia?
Hace poco me encontré con mi Maestro “Pepín”, es ya un anciano, pero no ha perdido la virtud de la conversación. Todavía recuerda mi nombre, y la dichosa “tirigüilla” con que mi madre solía amenazarme para regular mi comportamiento en el aula. Hablamos de las tardes enteras que pasábamos en la huerta escolar aporcando tomate, maíz, berenjenas, que luego servirían de alimento al hogar de ancianos y al círculo infantil.
Me aseguraba que entre sembrar la tierra y recoger la cosecha había un período de aprendizaje, parecido al de dominar los productos y resolver un ejercicio con cifras de más de tres lugares decimales. Hoy no se explica cómo los alumnos experimentando menos pueden aprender más, “tal vez estoy demasiado viejo para entenderlo. Se educa en un contenido y en una sensibilidad ¿No?”, dijo y alzó los hombros, sin respuesta.
Si de verdad queremos cambiar, hay que pasar del gesto a la transformación de esquemas incompatibles con las necesidad de educar en esa sensibilidad. El afán de “ocupar” el tiempo libre de los niños los atiborra de trabajos independientes, en la mayoría de las ocasiones sin una adecuada intensión, y por su puesto terminan resolviéndolos sus padres.
La doble sesión los priva de la práctica deportiva, el vínculo con la naturaleza y la formación laboral, los trabajos manuales, visitas a museos, en fin, en la exploración de habilidades y conocimientos de su realidad desde un área diferente al aula. Por otra parte la escuela no debe suplantar el papel de la familia, allí radica el espacio afectivo fundamental del niño, una condición biológica, pero también un espacio psicológico donde se deben crear y favorecer las condiciones necesarias para formar los patrones de su personalidad.
El Chala vive en nuestros barrios, con diferentes matices y contextos. Es real y necesita escapar de la marginalidad o prepararse para vivir en ella. Así descubrimos que el hombre nuevo no puede ser un hombre efigie, sino la búsqueda y la reconstrucción de las virtudes que lleva en sí.
CONDUCTA, es por fin la conquista de lo raigal, más que una película se ha vuelto un catalizador del pensamiento de los cubanos, un recordatorio de la tradición pedagógica que sostiene a nuestra nación, Varela, Caballero, Mendive, Martí, Medardo Vitier, Mañach y muchos otros que nos enseñaron no solo a pensar, sino a amar y a respetar la dignidad de los otros.
Pepín, como Carmela, camina las calles de mi pueblo con dignidad, su pensión simbólica no ha podido borrar su imagen señorial, la elegancia al caminar, el hablar bajo y hondo. Ese que va ahí fue mi maestro, le digo a cualquiera, sin importarme su ropa raída y su andar contrito, lo digo como si estuviese mostrando un camino, un héroe de la patria donde se fundó mi vida.

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