Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

martes, 18 de abril de 2017

Las presiones invisibles que nos dividen


Un sustancioso panel y el reconocimiento de diversas instituciones rindió homenaje a la figura de Armando Hart, a quien se le dedicara esta edición de la Feria del Libro.




Por Eduard Encina

El domingo 16 de abril, con la clausura de la 26 Feria del Libro en Santiago de Cuba, terminó también un periplo del libro a lo largo de toda la isla. Pocos gobiernos logran movilizar un pueblo entero alrededor de un hecho cultural, y que es ya tradición para los cubanos. Tal vez por eso debería pensarse mejor.

Es cierto que la Feria del libro moviliza una cantidad de recursos humanos y materiales verdaderamente impresionantes, pero nada vale todo ese esfuerzo si no se concreta en el cumplimiento de las espectativas del público y los escritores.

¿Para qué  y para quienes se hace la Feria? ¿La venta de los libros produce plusvalía? ¿Se crean alrededor del libro suficientes espacios colaterales para obener ingresos y oportunidades que estimulen nuevas y acertadas dinámicas de consumo cultural? ¿Qué contribución tienen las nuevas tecnologías, las redes sociales, en la construcción de un sujeto participativo y creíble? ¿Cuál es el lugar de los escritores en la Feria?
El escritor y periodista Yamil Díaz, impartió un exquisito conversatorio sobre “las mujeres en la vida de José Martí” durante la última jornada de la Feria en Santiago.

Sería factible valorar el compromiso de los gobiernos locales con este evento, que sin dudas, ha devenido como valioso instrumento de inclusión y participación popular, de diálogo con creadores y diversidad de literaturas. Es facil percartarse en la mayoría de las provincias, de cierta resistencia que tiende a “salir de eso” y lo que fue un sueño para crecer, rápidamente se convierte para una burocracia que “piensa con la barriga”, en una pesadilla que reduce ciertas ciudades a la fustración y la abulia.

En verdad hay que pensar mejor en quienes son los que dirigen estos procesos, que sean capaces de comprender que no se trata únicamente de vender libros, sino de propiciar espacios para la construcción de ideología, como aseguraba Arturo Arango en la Feria de la provincia Granma “sujetos participativos que puedan dialogar con la tradición, tomar conciencia y también disentir, para luego pensar y construir el futuro”. La Feria es un arma política que no puede volverse contra nosotros mismos.
 
El Premio Nacional de Ciencias Sociales Pedro Pablo Rodríguez, disertó en torno a la confluencia del pensamiento de Hart y Fidel con las matrices del ideario martiano.
Por otra parte, los medios masivos de comunicación trastocan la Feria de “instrumento político” en “instrumento de propaganda política”, desapareciendo de los reportajes a los “autores y sus libros” y haciendo aparecer a los “actores y sus retablos”, no se intenta siquiera propiciar el diálogo y la coexistencia, como debiera ser, sino que la prensa cacarea según lo que se le orienta, no según lo que se necesita, y los unos anulan a los otros ejerciendo así las “presiones invisibles” que nos dividen, o por lo menos nos restan concertación y visibilidad en el país que juntos construimos.

Termina la feria del libro y con ella, comienza la nueva aventura de leer y crecer como quería Martí, el más grande de los cubanos, que no vio nunca una feria del libro, pero nos enseñó a soñarla, y por tanto, a quererla.

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