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Un sustancioso panel y el
reconocimiento de diversas instituciones rindió homenaje a la figura de Armando
Hart, a quien se le dedicara esta edición de la Feria del Libro.
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Por Eduard Encina
El domingo 16 de abril, con la
clausura de la 26 Feria del Libro en Santiago de Cuba, terminó también un
periplo del libro a lo largo de toda la isla. Pocos gobiernos logran movilizar
un pueblo entero alrededor de un hecho cultural, y que es ya tradición para los
cubanos. Tal vez por eso debería pensarse mejor.
Es cierto que la Feria del libro
moviliza una cantidad de recursos humanos y materiales verdaderamente
impresionantes, pero nada vale todo ese esfuerzo si no se concreta en el
cumplimiento de las espectativas del público y los escritores.
¿Para qué y para quienes se hace la Feria? ¿La venta de
los libros produce plusvalía? ¿Se crean alrededor del libro suficientes
espacios colaterales para obener ingresos y oportunidades que estimulen nuevas
y acertadas dinámicas de consumo cultural? ¿Qué contribución tienen las nuevas
tecnologías, las redes sociales, en la construcción de un sujeto participativo
y creíble? ¿Cuál es el lugar de los escritores en la Feria?
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El escritor y periodista Yamil Díaz,
impartió un exquisito conversatorio sobre “las mujeres en la vida de José
Martí” durante la última jornada de la Feria en Santiago.
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Sería factible valorar el compromiso
de los gobiernos locales con este evento, que sin dudas, ha devenido como
valioso instrumento de inclusión y participación popular, de diálogo con creadores
y diversidad de literaturas. Es facil percartarse en la mayoría de las
provincias, de cierta resistencia que tiende a “salir de eso” y lo que fue un
sueño para crecer, rápidamente se convierte para una burocracia que “piensa con
la barriga”, en una pesadilla que reduce ciertas ciudades a la fustración y la
abulia.
En verdad hay que pensar mejor en
quienes son los que dirigen estos procesos, que sean capaces de comprender que
no se trata únicamente de vender libros, sino de propiciar espacios para la
construcción de ideología, como aseguraba Arturo Arango en la Feria de la provincia
Granma “sujetos participativos que puedan dialogar con la tradición, tomar
conciencia y también disentir, para luego pensar y construir el futuro”. La
Feria es un arma política que no puede volverse contra nosotros mismos.
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El Premio Nacional de Ciencias
Sociales Pedro Pablo Rodríguez, disertó en torno a la confluencia del
pensamiento de Hart y Fidel con las matrices del ideario martiano.
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Por otra parte, los medios masivos de
comunicación trastocan la Feria de “instrumento político” en “instrumento de propaganda
política”, desapareciendo de los reportajes a los “autores y sus libros” y
haciendo aparecer a los “actores y sus retablos”, no se intenta siquiera propiciar
el diálogo y la coexistencia, como debiera ser, sino que la prensa cacarea
según lo que se le orienta, no según lo que se necesita, y los unos anulan a
los otros ejerciendo así las “presiones invisibles” que nos dividen, o por lo
menos nos restan concertación y visibilidad en el país que juntos construimos.
Termina la feria del libro y con
ella, comienza la nueva aventura de leer y crecer como quería Martí, el más
grande de los cubanos, que no vio nunca una feria del libro, pero nos enseñó a
soñarla, y por tanto, a quererla.



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