Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

miércoles, 15 de febrero de 2017

El libro como piedra angular





"Es aquí donde coloco al libro como antídoto, como exorcismo contra los demonios de la rutina y el sin sentido"


Por Jorge L. Legrá (Escritor)



Nuestra civilización industrializada, informatizada y robotizada nos deslumbra como una inmensa hoguera de libros. Nos sentimos más seguros y confortables en el club de computación que en las salas de la Biblioteca. ¿Para qué leer?, hay tanto que vivir, tanto que experimentar.



En algún ensayo de Jorge Luís Arcos leí cierta alusión a que estos tiempos que vivimos nos trastornan, convirtiéndonos en víctimas de la “tendencia suicida que preside la historia y la cultura contemporánea”. Encendemos la televisión y enseguida nos agreden crisis financieras, amenazas ecológicas, bombas, guerras de las galaxias y el travestismo mediático, sobre todo.



Eran los años 60 del siglo pasado cuando Medardo Vitier adelantaba algunas reflexiones, por no decir clarividencias, sobre este asunto, “El hombre (decía) ha progresado asombrosamente en su dominio de la naturaleza, pero no en el de su naturaleza”. Aquella lucidez, entonces, debió reorientarnos pero continuamos obstinados, perdiéndonos en eso que definiríamos términos de felicidad, confort y amor.



 “¿Qué es el amor?” preguntaba Djuna Barnes, la novelista, “¿Acaso es el hombre que busca su propia cabeza?”. Las Sagradas Escrituras, sapiensales sin dudas, aportan los conceptos de un apóstol llamado Pablo, quien habla de la existencia de un hombre exterior y un hombre interior: Uno busca la embriaguez, la sensualidad; el otro, el discernimiento, la salvación.



Es aquí donde coloco al libro como antídoto, como exorcismo contra los demonios de la rutina y el sin sentido. Juan Goytosolo en algún momento comentó que el más hermoso jardín era un armario lleno de libros. En tiempo de crisis la lectura es respiro y salvación, las librerías deberían ser visitadas como sitios oraculares donde el espíritu pueda resolver sus enigmas.



Por los libros conocí a un rey cruel, que se hacía traer cada día una doncella virgen a su habitación, y después de casarse con ella la desfloraba para luego mandarla a matar. Las doncellas del palacio temblaban seguras de que en cualquier momento llegaría su turno. Pero Zherezada era una virgen astuta, cada noche convencía al rey para narrarle una historia más. Durante mil noches, Zherezada se mantuvo con vida mediante este ardid literario. En la última noche ya el rey había sufrido una mutación, era un nuevo ser, justo y sin crueldad: La literatura lo había transfigurado.


¿Acaso la lectura posee esa potencia redentora que necesita el mundo?   

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