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| Baire es Baire y es dueño de su Historia. |
Por Eduard Encina.
“Vivo en un pueblo donde la gente se cree
dueña de la historia”,lo dije hace algunos años en una entrevista que me hizo
la poeta Teresa Melo para Juventud Rebelde, y como era de esperar enseguida
apareció esa turba oportunista y detractora, que vive para torcer las palabras
y medirnos la sangre. En realidad, lo acepten o no, nadie puede despojarnos de esa
dicha que conquistamos con el filo del machete.
En
los últimos años hemos padecido la tendencia ensañada en aniquilar la
importancia de los focos de resistencia locales, para sustituirlos por apotegmas
de la “gran historia nacional”. Así lo que ha sido durante 122 años EL GRITO DE
BAIRE, por estos días apenas se menciona en los medios informativos y en su
lugar se promueve con la frase aparentemente indiscutible “Reinicio de las Guerras
de Independencia”.
El asunto no está en
alimentar pasiones localistas, ni en querer asomar la cabeza de forma inmerecida
en el panteón de la Patria. El problema está en aquello que Martí advertía:
“historiar no es soldadear de un lado de la batalla”. Ahora: ¿contra quién es esta
batalla? ¿quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores?
Al parecer no bastó con
arrebatarnos el canal Tele Rebelde, los Festivales de Bolero, Coros, Trova y
Charanga, hasta intentaron adjudicarle al mismísimo Pepe Antonio la Primera
Carga al Machete (en La Habana, of course).
Ahora pretenden menguar las virtudes que mi pueblo conquistó ofrendando la vida
y el sacrificio de sus hijos. Maceo, Gómez, Martí, Fidel, todos asumieron y honraron
EL GRITO DE BAIRE.
No es menos cierto que el
alzamiento del 24 de febrero de 1895 se dio en varios puntos de la isla,
incluso, en algunos lugares liderados por figuras insignes, de mayor prestigio
que el del entonces humilde campesino y Capitán Saturnino Lora. Pero fue
precisamente el GRITO DE BAIRE, el de mayor resonancia, organización y
trascendencia de todos los que se dieron aquel día, no en balde la
intención colonialista de concentrar urgentes esfuerzos en aplastarlo, minimizar
y hasta
desprestigiarlo tildando de autonomista el levantamiento.
En toda la isla, nadie como
los baireros, vive con mayor pertenencia y autenticidad el Reinicio de la
Guerra Necesaria. Los propios mambises en plena manigua ya celebraban durante
los tres años de dura lucha aquellos sucesos, gesto que se extendería en la Neocolonia,
la República, hasta hoy, convirtiendo el 24 de febrero en nuestra más
importante festividad popular.
En la actualidad las
autoridades han suplantado lo que antes fuera una expresión de profundo arraigo
popular, descaracterizándola, sustituyendo la Memoria, por una ideologización
sin vínculos con los contenidos esenciales que le dieron origen, y decidiendo
cómo y qué se dice en los actos públicos, la magnitud de la celebración
teniendo en cuenta aniversarios abiertos o cerrados y otros desatinos, es
decir, deciden por la gente lo que deben hacer con su historia.
Esto atenta contra el
fortalecimiento de los valores identitarios de las nuevas generaciones, quienes
desconocen que caminan por calles y avenidas que un día llevaron el nombre de
sus héroes, porque fueron sustituidos por un simple número, o cuando sin total
conciencia de sus actos participan en la tradicional Diana Mambisa y rompen la
solemnidad requerida, pues el efecto del reguetón, el circo y la cerveza los
hacen creer que están en medio de una conga.
Mientras muchos se agotan en
su verborrea política, montan con desánimo en sus carros modernos y van a hacer
el ritual del día en los sitios de alzamiento, muchas veces sin conocer la
historia de esos pueblos, (y en los peores casos sin que les interese) en Baire
los descendientes de Rabí, Lora, Salcedo, Urbina, celebran, honran, conmemoran,
y se gozan como en ningún otro sitio, de su estirpe y sus tradiciones; pero
también reflexionan y piensan el futuro, vigilantes, por si la dignidad se
nubla y se hace necesario un nuevo Grito.
Baire es Baire y es dueño de
su Historia. Lo diré en cualquier entrevista, pues aún quedamos muchos dentro y
fuera de Cuba que honramos el terruño, que es honrar la Patria Grande. En
realidad no será relevante si unos medios lo reconozcan o no, porque hace mucho
tiempo el mundo lo sabe y más que en los anaqueles, está en los corazones de
todos los cubanos dignos. Eso sí, lo que hay que salvar es la memoria, hay que
reaccionar, Cuba no puede ser una isla de patriotas zombis.

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