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| "No basta con publicar un libro para que el escritor exista, también hay que construir un lector" |
Por
Eduard Encina.
En
el país que organiza una de las mejores Ferias del Libro del Continente, es
casi un eufemismo hablar de “mercado del libro”, “editoriales de autor”,
“jerarquías literarias”, “crítica”, solo por mencionar algunas cuestiones. Sin
embargo, hay algo en lo que todos concuerdan: publicar en Cuba no es un
problema; el problema es existir.
Mientras
la “mente de isla” persiste en lo analógico, el mundo pasa veloz frente al
Morro y mantiene invisible no solo el esfuerzo editorial, sino la naturaleza de
las ideas que producimos. NADA SE MOVERÁ mientras esa “mente” no posibilite el
acceso a la información, la participación crítica, en una sociedad donde la
carencia de crítica es sistémica, o cuando más, solo se logra establecer aquel
“diálogo entre sordos” que Arturo Arango ilumina en una de sus Reincidencias.
Es
cierto que ya en La República Platón
excluía a los poetas del Estado Ideal (y por supuesto del ideal ciudadano),
pero el escenario ha cambiado: ¿el escritor hoy sigue siendo el pararrayos de
los dioses que preconizó Darío? ¿la oscura cabeza negadora piñeriana?¿un ser
marginal y conflictivo a lo Guillermo Vidal?
Para
algunos somos parias repartidos en dos islas: la isla flotante y la isla
dispersa, para otros, masoquistas seres de vitrina, desfasados que van de Feria
en Feria del libro asumiendo que no viven para pensar, sino para ser pensados. La
figura del escritor enmudece, se convierte en un elemento folclórico dentro de
un fenómeno de masas.
Al
no producirse la lógica del marketing ¿Cómo se establece el mercado el libro?
¿Dónde queda la jerarquía cultural del escritor cuando no puede acceder a un
set mínimo (computadora, impresora, disco duro, etc.), para adecuarse a la
situación tecnológica internacional? Hoy, es un error estar de espaldas a las
nuevas tecnologías e internet, se necesita cambiar las dinámicas de lectura y
las dinámicas de la información.
No
basta con publicar un libro para que el escritor exista, también hay que
construir un lector. Es una práctica común en el mundo, por ejemplo, el vínculo
de los escritores con las universidades, no solo para promover la obra, sino
para elevar el concepto académico y dignificar la vida de los escritores. Es
innegable que hay que influir en la POSICIÓN
desde donde se nos lee y se nos construye ¿o destruye? La lectura que antes se
ejerció como placer y disfrute, hoy es fría y vertical.
A
nadie se le ocurre enseñar que en los momentos más dramáticos, convulsos y
confusos de la historia nacional, ha irrumpido el escritor para darle forma y
proponer una lectura de esos contenidos desde una amplitud de aristas y
matices, esa lectura que según Harold Bloom “nos prepara para el cambio”.
Ante
tanta modorra con la distribución y el mercadeo del libro impreso, los
escritores cubanos han de buscar alternativas, una de ellas es apostar por lo
digital, situarse en blog, plataformas de promoción y venta, en fin,
reaccionar, hacer cualquier cosa por existir. En Cuba la realidad nos supera.

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