Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

lunes, 6 de marzo de 2017

Sexo luego existo



"La vi coger calle abajo con aquel hombre que le tanteaba las nalgas, sopesando la calidad de la mercancía"
 

Por Jorge L. Legrá


Tengo que mantener a mamá y a mi niña, no quedan opciones. Contestó y se fue precipitada donde la esperaba otro cliente. Ni siquiera intenté detenerla. En algo tenía razón, el salario de maestra primaria apenas cubre una semana de alimentos para su familia.

La vi coger calle abajo con aquel hombre que le tanteaba las nalgas, sopesando la calidad de la mercancía. Ella le sonreía, era parte de su negocio, del único que sabía hacer. Por más que lo intenté nunca pude aconsejarle alguna otra alternativa. La inexistencia de medios honestos que permitan cubrir las necesidades es un hecho que el día a día restriega en nuestras narices. La única salida parece indicar hacia la flagelación de los valores con una maniobra económica que nos mantenga a flote.

La maestra, es un lastimoso ejemplo, asegura un estipendio, pero su mayor preocupación es salir cuanto antes en busca de un comprador de sexo; se la pasa inventando un ardid para malversar el tiempo que debería estar trabajando con los niños.

No sería para nada una tarea inútil, recoger en un texto los mil modos y medios en que se desgastan muchos cubanos en operaciones de auténtica sobrevivencia. El salario y la manoseada canasta básica han descendido a ser esa porcioncita arrojada, con pedantería, al platillo del indigente. 

La he visto bajar los ojos, decirme que la mayoría de las veces quiere morirse, se siente sucia, no aguanta más; que disfruta ver cómo sus alumnos aprenden y algunos hasta le brindan de su merienda. Sobre todo comenta: “no es fácil estar enseñando valores morales, y un momento después, ir con tu culo a violarlos todos”.

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