Por Eduard Encina.
Muchas veces me he preguntado qué
busca el lector cuando toma un libro en la mano. Abrirlo. (H)ojearlo.
Sumergirse en sus profundidades. Dialogar con él. Amarlo. Odiarlo, son procesos
inevitables que de algún forma nos llevan a la otra pregunta ¿Qué mueve al
escritor para plantearse el proceso, inevitable también, de la escritura del
mismo?
Hay sin dudas un gesto común entre
los que escriben y los que leen: una necesidad, un afán de búsqueda, una
sensibilidad que a veces se desconoce y solo se complementa cuando ya se ha
escrito o leído.
Lo mejor sucede cuando aparecen
libros extraños, libros de raras naturalezas, que no son líricas ni narrativas,
libros que alteran nuestro sentido de la lógica y la lectura. Tal es el caso del
que deseo comentar en esta ocasión, publicado por la Editorial Gente Nueva, y
que aparece con la rúbrica de Esteban Llorach Ramos, uno de nuestros más
grandes editores y de esas personas doctas en la materia del libro impreso.
Ya está el Café,
no es un título para nada inocente, o de simpleza comercial teniendo en cuenta
la adicción de los cubanos por ese preciado líquido, o la influencia que tuvo
en la conformación de nuestra identidad cultural. Ya está el café es una
expresión que sirve la mesa, e invita no solo a beber de esa planta aromática,
sino a entrar en confianza y dialogar, descubrir ese don de catar el sabor de
las palabras.
Hacer un libro de este tipo necesita
también un lector de nuevo tipo, alguien que busque entender la historia y la
poesía, el mito y la realidad como un solo corpus que exprese una necesidad
superior. Dentro de sus 166 páginas encontraremos contenidos bellamente
ilustrados, que nos harán descubrir los orígenes del café en Abisinia, sus usos
místicos y rituales, la recepción literaria que de él han tenido poetas como
José Martí, Dulce María Loynaz, Emilio Ballagas, Eliseo Diego, Nicolás Guillén,
entre otros.
Para cerrar el cuaderno, el lector
encontrará las más disímiles recetas para elaborar este producto, que al
parecer no se conforma con deleitar nuestro paladar, sino que aspira a
someternos con su dictadura, encantándonos con la lengua de los poetas, desde sus
vínculos con la historia de la humanidad y la nuestra, o el fino erotismo con
que nos acerca Esteban Llorach, seductor y perverso, para invitarnos a caer en
la trampa de comprar este libro, que de antemano nos asegura que Ya está el Café. Así que apúrense, búsquelo
en las librerías que ya casi está servido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.