Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

martes, 27 de diciembre de 2016

UN LIBRO RARO, PERO BELLO



Por Eduard Encina.
Muchas veces me he preguntado qué busca el lector cuando toma un libro en la mano. Abrirlo. (H)ojearlo. Sumergirse en sus profundidades. Dialogar con él. Amarlo. Odiarlo, son procesos inevitables que de algún forma nos llevan a la otra pregunta ¿Qué mueve al escritor para plantearse el proceso, inevitable también, de la escritura del mismo?

Hay sin dudas un gesto común entre los que escriben y los que leen: una necesidad, un afán de búsqueda, una sensibilidad que a veces se desconoce y solo se complementa cuando ya se ha escrito o leído.

Lo mejor sucede cuando aparecen libros extraños, libros de raras naturalezas, que no son líricas ni narrativas, libros que alteran nuestro sentido de la lógica y la lectura. Tal es el caso del que deseo comentar en esta ocasión, publicado por la Editorial Gente Nueva, y que aparece con la rúbrica de Esteban Llorach Ramos, uno de nuestros más grandes editores y de esas personas doctas en la materia del libro impreso.

Ya está el Café, no es un título para nada inocente, o de simpleza comercial teniendo en cuenta la adicción de los cubanos por ese preciado líquido, o la influencia que tuvo en la conformación de nuestra identidad cultural. Ya está el café es una expresión que sirve la mesa, e invita no solo a beber de esa planta aromática, sino a entrar en confianza y dialogar, descubrir ese don de catar el sabor de las palabras.

Hacer un libro de este tipo necesita también un lector de nuevo tipo, alguien que busque entender la historia y la poesía, el mito y la realidad como un solo corpus que exprese una necesidad superior. Dentro de sus 166 páginas encontraremos contenidos bellamente ilustrados, que nos harán descubrir los orígenes del café en Abisinia, sus usos místicos y rituales, la recepción literaria que de él han tenido poetas como José Martí, Dulce María Loynaz, Emilio Ballagas, Eliseo Diego, Nicolás Guillén, entre otros.

Para cerrar el cuaderno, el lector encontrará las más disímiles recetas para elaborar este producto, que al parecer no se conforma con deleitar nuestro paladar, sino que aspira a someternos con su dictadura, encantándonos con la lengua de los poetas, desde sus vínculos con la historia de la humanidad y la nuestra, o el fino erotismo con que nos acerca Esteban Llorach, seductor y perverso, para invitarnos a caer en la trampa de comprar este libro, que de antemano nos asegura que Ya está el Café. Así que apúrense, búsquelo en las librerías que ya casi está servido.

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