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| Fot. Arnoldo Fernández. |
Por Eduard Encina.
Llegaron a Contramaestre por el
trillo equivocado. Los estábamos esperando frente al parque Jesús Rabí, pero
una “contramaestrense ausente” que los guiaba, los desvió de la ruta. Al
parecer, el primer encuentro con los artistas que harían “El Concierto de los
Agradecidos” en nuestro pueblo, había comenzado mal.
Pero el trillo se fue aclarando y fue
inevitable que las personas se abalanzaran sobre el carismático Eduardo Sosa,
la bella Luna Manzanares, el gran poeta Raúl Torres y la talentosa Annis
Garcés. Junto a ellos, llegaron también un grupo de músicos jóvenes comandados
por un señor, de quien solo después que comenzara el Concierto nos fue develado
el nombre.
En medio de toda esa agitación,
entraron al patio del restaurante “El Trópico” donde serían recibidos por las
autoridades culturales, la UNEAC, la Sociedad Cultural José Martí y la AHS. Mientras
bebían agua de coco y se deleitaban con una ensalada de frutas, escucharon los
pormenores de la vida y la historia de la localidad a la que un Río le dio
nombre. Luego el autor de Candil de nieve,
tuvo un fugaz pero intenso intercambio con periodistas y blogueros.
Mas o menos así, todo quedaba listo
para el Concierto en la Plaza, que estaba anunciado para las 7.00 pm, un
horario que transgredía las costumbres del público de esta ciudad acostumbrado
a salir después de la diez de la noche. No era difícil encontrar cierta
incertidumbre en algunos rostros de los productores y funcionarios del Instituto
de la Música que acompañaban la delegación, pues a penas faltaba media hora y
todavía no llegaban a un centenar de personas en las más de mil sillas que se
colocaron en la Plaza.
Pero a las siete, como estaba
previsto, miles de contramaestrenses aplaudían cuando el presentador Alfredo
Ballesteros Alfonso, locutor y presidente de la AHS, anunciaba que además de
los intérpretes de la canción Cabalgando
con Fidel, tendríamos una representación de la Sinfónica Juvenil de
Santiago de Cuba, bajo la batuta del gran Maestro y Director de la Sinfónica
Nacional, Enrique Pérez Mesa.
Y ya con la plaza abierta, el trillo
se volvió camino: Luna Manzanares con voz dulce y melódica iniciaba lo que
sería la velada inolvidable de los agradecidos, Raúl Torres visiblemente emocionado
por la acogida de “los guajiros más cultos del mundo”, interpretó varios temas
clásicos de su repertorio y en varias ocasiones se hizo acompañar por el
público que complacido coreaba sus canciones; Annis Garcés, menuda e imponente
dio gracias a la vida que ha dado tanto, a través del clásico de Violeta Parra
y luego rompió con su versión de Mañanitas de Montaña para dar paso a quién
consideró “como un padre”, el trovador Eduardo Sosa con quien terminó su
presentación a dúo para cantar la Longina de Manuel Corona y Yolanda, de Pablo
Milanés, y poner así (una vez más) la Plaza entera de pie.
Para cerrar, comenzó el show del “Compay
Sosa”, imaginativo y voluminoso, con la sabrosura del conversador de Tumba
Siete, contando sus andanzas por Contramaestre cuando apenas era un adolescente
perdido entre los naranjales de la Escuela Provisional Fidel Domenech y luego
en las descargas bohemias de su temprana juventud junto al músico William
Vivanco y con el dúo Postrova, acompañado del trovador Ernesto… Lo demás fue
pan comido, el Son a Contramaestre y toda esa música condimentada en los viveros
de nuestra música tradicional conectaron en lo que podríamos llamar un
“alboroto riquísimo” entre público y artistas.
El cierre, como estaba previsto: el
pueblo agradecido acompañando la hermosa letra y melodía de Cabalgando con
Fidel, una canción que entró en la historia del cancionero patriótico cubano, y
que en contramaestre se oyó más bonita, porque la gente más humilde la cantó.

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