Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

martes, 31 de enero de 2017

El Almendrón



"Después de varios intentos por fin arranca y comienza la odisea de arriesgar la vida dentro de un museo rodante"
Por Eduard Encina (Editor)

Cada mañana para ir al trabajo me monto en el Almendrón, así le llaman a un armastrote con carrocería de Chevrolet del 54, pero en realidad es un frankestain que tiene piezas hasta de un perro. Moro, su chofer, es un tipo simpático que en menos de nada comenta el número que salió anoche en la charada del Táchira o comienza hablar mal del gobierno, pero él mismo te advierte que no le hagas caso pues “hasta en la serie policial Día y Noche casi todos los boteros somos informantes de la secreta”.

Como soy cliente fijo Moro me guarda siempre un asiento al lado suyo. “Te gusta estar cerca de la muerte, gordito”, bromea. No sabe que el verdadero motivo por el que me siento junto a él es su conversación, que logra distraerme, de lo contrario sería un maniático, un loco que sale a morirse todos los días como si fuera para el trabajo.

Al montar uno siente el olor a óxido, petróleo, revisa bien si la puerta cerró, e intenta acomodar las nalgas para no pincharse con algún muelle partido. Mientras el viaje se completa uno se acostumbra. Después de varios intentos por fin arranca y comienza la odisea de arriesgar la vida dentro de un museo rodante, que por momentos parece perder la dirección, pero el diestro Moro maniobra “oh, caballo”, dice y sonríe con cierto orgullo de tener dominio de la situación.

En mi pueblo el transporte estatal apenas existe, además no tiene horario. A veces tampoco funciona el particular, los inspectores estatales revisan la documentación ¿A ver,  Frankestain, muéstreme sus documentos?, dice Moro para burlarse del cuerpo de inspección “es para reírse, piden hasta los comprobantes de compra del combustible”. Pero es gracias al Almendrón que cada día puedo poner un plato de comida en la mesa a mis hijos.

Monto. Casi nunca miro a los que vienen en los asientos de atrás, eso no me interesa, no es más importante que conservar la vida. Moro está de buen humor, asegura que Donald Trump será mejor que Obama, “él es negociante, gordito, y ahorita comenzarán a entrar piezas para mi Chevrolet; ahora sí mejoraremos”. Creo que este será un buen tema de conversación para olvidar (una vez más)a la pelona.


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