Espacio de diálogo, palabra grande y compartida que se abre a los ciudadanos del mundo, en la búsqueda de amor y fe a través del acercamiento a la literatura y la vida social y cultural de los cubanos que vivimos isla adentro. Zona de resistencia para intercambiar desde el tamiz de lo personal, aspectos de la vida y la experiencia de aquellos que a veces no tienen voz, ni rostro en los medios, pero sí una participación importante en la construcción de lo cubano en el día a día.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Pablo Milanés sigue portándose mal

 Por Eduard Encina
                            “Yo solo tengo la razón de quien quisiera ser mejor que lo que ayer”
                                                                                                                P. Milanés
Fue en la noche del 22 de diciembre, en la mismísima Plaza del Himno, que el cantor de Yolanda, frente a miles de bayameses dejó escapar, emocionado, algunos aspectos de su vida íntima, que luego inspirarían muchas de sus canciones. “…le canto a aquella infancia que me marcó para toda la vida”, dijo, recordando las mañanas en que jugaba con sus amigos de la calle Zenea, entre Figueredo y Lora.

 
Horas antes, por la tarde, un grupo de periodistas le grababan un documental en el parque Céspedes, no perdí la oportunidad para hacerme una foto con él, y claro que sí, lo que parecía imposible fue tan fácil como tirarme el brazo sobre el hombro, y escucharle decir “así que poeta” y luego preguntarme de dónde era, le dije que de Baire y levantó las cejas con gallardía. 

 
No pude contarle que en las noches de universidad a principio de los noventa, después de tomarnos el “suero” (un vaso de agua con azúcar), íbamos para la escalera de la beca a cantar sus canciones y a discutir quién era mejor, Él o Silvio. Ninguno podía imaginar lo que sucedería después, cuando un grupillo ensañado (de aquí y de allá) quiso dividirlos en dos bandos y no en dos franjas de diferente color en una misma bandera.

 
No pude decirle lo que le grité durante el concierto !Pablito, CUBA TE AMA!, que era como decirle ¡CUBA TE NECESITA!. Lo importante sucedió después, cuando el público coreaba Los días de gloria, El primer amor, Ámame como soy, Ya se va aquella edad, con la nostalgia (es cierto) de un tiempo ido, pero tiempo al fin por recuperar, tiempo en que lo veíamos más a menudo en la tv, y donde sus giras se promocionaban más.    

 
La ocasión, que Pablito consideró “una noche maravillosa entre amigos”, fue aprovechada por las autoridades locales para agasajarlo frente a su pueblo que por estos días festeja los quinientos años de la fundación de la Ciudad donde nació un 24 de febrero de 1943 y a la que por su puesto, más adelante le dedicaría dos temas “Canción de la abuela” y “Bayamo”, no sin antes comentar los avatares donde creció su sensibilidad, entre lo mítico y lo cotidiano. “Pablito si sigues portándote mal, te voy a buscar a Bayamo”, lo amenazaba su abuela, con aquel personaje “galán, mulato y caballero”, muy popular y temido durante su infancia. De esa memoria se contaminó la noche en la Plaza del Himno donde Pablito volvía para portarse mal, y recuperar al viejo “Bayamo con su saco hoy lleno de vacío”.

 
Para cerrar El breve espacio en que no estás. Después, el gesto de amor, los aplausos interminables de la gente coreando “Los días de gloria se fueron con todo lo que un día fui”, gente que otra vez acude a la Historia y demuestra que la patria también está hecha de canciones y que a pesar de todo no tiene que temer nuevos fracasos, pues, siempre habrá tiempo para recomenzar”.

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