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| Tiene solo ocho años y mira al mundo como si lo conociera desde siempre. |
Por Eduard Encina
Los escribe y ya; así, de un tirón. Nos quedamos perplejos, sentimos miedo de seguir escribiendo. Tiene solo ocho años y mira al mundo como si lo conociera desde siempre. Cuando todavía no había cumplido los tres, mientras le leía un pasaje de la Biblia hermosamente ilustrada que acababa de comprarle, donde cristo era bautizado por Juan el Bautista me lo dijo sin tapujos: Papá, no me leas más. Mejor dime ¿Cuáles son los apellidos de Dios?
Me hubiese gustado que fuera músico, pelotero, o comerciante, pero no poeta. Muchas veces he vuelto sobre la misma pregunta ¿Para qué sirve la poesía?. Cada día se lee menos. Regalar poemas, para muchos, sería como dibujar en las cavernas. Leer un poema exige, como mínimo, activar el pensamiento y la sensibilidad, pero esas son palabras rebuscadas, hoy, donde todo parece tan mecánico y frío.
Solo cuando leo estos poemas de Malcolm entiendo para qué sirve la poesía: para resistir no más, y para reinventar el mundo que parece reinventarnos.
El ángel en mi cuarto
El ángel entra
despacio y silencioso
para dejarme asombrado
con unos caballos de fuego
paseándose en las nubes
como pájaros rondando
la muerte.
El corazón
El corazón
es extraño
de ahí sale
la esperanza
y el amor
de todos.
Fue ayer
Mi cama fue deslizada
por un arco iris
llegué a un gran sueño
Ya estoy en el centro
Estoy muerto, pensé.

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