| Kindelán o Pacheco. |
Por Eduard Encina
Lo escucho en las calles, parece indetenible. Niños y niñas van hacia la escuela discutiendo sobre quién es mejor ¿Cristiano o Messi?, y llevan sus fotos en las carpetas, resúmenes, documentales en sus memorias flash. Es cotidiano verles con los estandartes del Barcelona o el Real Madrid corriendo detrás de un balón de futbol, pero en realidad no es eso lo que me molesta, quizá estén en ellos los futuros campeones que por fin nos representen en un Mundial.
Lo escucho en las calles, parece indetenible. Niños y niñas van hacia la escuela discutiendo sobre quién es mejor ¿Cristiano o Messi?, y llevan sus fotos en las carpetas, resúmenes, documentales en sus memorias flash. Es cotidiano verles con los estandartes del Barcelona o el Real Madrid corriendo detrás de un balón de futbol, pero en realidad no es eso lo que me molesta, quizá estén en ellos los futuros campeones que por fin nos representen en un Mundial.
Lo que me inquieta está en el fondo, allí donde casi ninguno quiere ser Orestes Kindelán, Linares o Pacheco, allí donde la doble sesión en las escuelas liquida el funcionamiento de las áreas deportivas y el desarrollo del deporte en la base, allí donde los niños asumen ídolos extranjeros que le construyen desde otros intereses y otras concepciones del deporte, porque a nosotros parece no importarnos.
No sería la primera vez que se vuelva al tema ¿Dónde están los documentales? ¿Dónde, los perfiles, los poster, las camisetas con las imágenes de nuestros peloteros?. A menudo encuentro en las librerías puestos a la venta afiches con rostros de modelos que nada tienen que decirles a los adolescentes y jóvenes, a no ser el “un lindo perfil y el yonky” bien tratado y retocado en el fotoshop, desaprovechando de una manera brutal la posibilidad de incentivarlos a reproducir modelos de éxito más cercanos a su historia y a sus aspiraciones.
¿Messi o Ronaldo?. Los traen todas las semanas en “el paquete (PKT)” que se vende y vuela como pólvora en el comercio informal; junto a ellos mucha de la peor música, audiovisuales del entretenimiento, lagrinovelas, y cualquier tipo de serie demodé. Pero también llegan juegos, jugadas de Las Grandes Ligas, y sobre todo, comentarios e imágenes de lo que hacen los peloteros cubanos allá.
¿Y los de aquí? ¿Cómo haremos ídolos de los que juegan aquí?. Apenas un comentario frío, una entrevista en el periódico. No sabemos de dónde salen, cómo los ven sus amigos de la infancia, su familia, quiénes fueron sus profesores ¿Cómo puede un niño creer que puede llegar a ser como uno de ellos? Nuestros deportistas son nombres, números congelados en la memoria. Cada día se juega menos a la pelota, no hay guantes, ni bates, ni pelotas, ni recursos para mantener los terrenos y a eso se le suma la falta de sistematicidad y sentido de pertenencia del personal técnico que ansía viajar, y alcanzar otros resultados, y no precisamente deportivos.
Recién comienza la 53 Serie Nacional. Alguien dice que es bajo el nivel. Otros sueñan con salvar la pelota en Cuba, pero hay que sembrar el amor primero. La pasión viene después.
¿Messi o Ronaldo?. Pongo la bola en juego.
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